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Mi abuelo era Lean. En Castilla La Mancha

Para actuar con los principios de Lean no hace falta ser oriental ni ingeniero. Mi abuelo era de Puente del Arzobispo, Toledo, y alfarero. Y era Lean.

Para actuar con los principios de Lean no hace falta ser oriental ni ingeniero. Mi abuelo era de Puente del Arzobispo, Toledo, y alfarero. Y era Lean.

Repasemos los principios de Lean y, simplificadamente, cómo los aplicaba mi abuelo:

  • Crear valor. ¿Algo más útil para las personas de un pueblo que cacharros de barro? De hecho, la alfarería doméstica tiene más de diez mil años.
  • Valor sin desperdicios. ¿Te imaginas a mi abuelo, o al tuyo, realizando alguna actividad profesionalmente inútil o consumiendo más recursos de lo necesario?
  • Flujo continuo. Comenzaba una pieza y la acababa. Utilizaba cambios muy rápidos. Con el material dispuesto y que necesitaba. El único lote era el horno (por cierto, decía mi abuelo que no tendría miedo si le tocase ir al infierno: “el infierno debe de ser como las bocanadas de fuego del horno y ya sé cómo tratarlas”).
  • Demanda “pull”. ¿Os lo imagináis fabricando algo que no estuviese encargado? ¿Y produciendo sin tener hueco donde colocarlo? ¿O haciendo botijos cuando el cliente quería cántaros? ¿O llenando las piscinas de barro teniendo que hornear?
  • Mejora continua. Mi abuelo se esforzaba por sacar cada día más piezas, pues el futuro de la familia dependía de ello. Y después de hacer las cosas cada vez mejor, se enfocaba en aumentar el valor. De ahí que evolucionase de “industrial operario” a “artesano comercial”, y de vender alfarería como un bien de uso a vender objetos únicos, bellos, emocionales y funcionales. Para eso había que hablar y comerciar con los clientes, sin importarle ni el idioma ni la renuncia al “confort” del trabajo duro, pero conocido.

Y los pilares de Lean:

  • Just in time. Solo lo que el cliente quiere, cuando lo quiere y en las unidades que quiere. Nada de stock. Nada de trabajar por adelantado, ni de más por si acaso.
  • Jidoka. Las máquinas eran súper sencillas: amasadora y torno, limpiadas y mantenidas por él mismo. Calidad exacta a la que pedía el cliente, y realizada bien a la primera. Cualquier anomalía saltaba a la vista, pues estaba todo muy estandarizado. Detección y paro, con resolución inmediata. ¿Os imagináis a mi abuelo haciendo las cosas de otra manera?

Parece que estamos descubriendo algo. Llevo veinte años trabajando con Lean y cada vez aprendo más de la inteligencia natural de nuestros mayores. Bueno, abuelo, que sepas que sigues enseñándome.