¡Qué ganas de liarlo con tantas normas!

¡Qué ganas de liarlo con tantas normas! Una cosa es estandarizar y otra convertirse en un talibán de las normas, que es lo que sucede en algunas empresas anti Lean.

¡Qué ganas de liarlo con tantas normas! Una cosa es estandarizar y otra convertirse en un talibán de las normas. He jugado con mis hijos al Veintiuno.

Hay que contar del uno al veintiuno. Al principio es fácil pues sólo existe una norma: contar, haciendo una rueda, del 1 al 21.

A quien le toque contar el siete tiene que decir “catorce” y a quien le toque contar el catorce tiene que decir “siete”. Ahora, vamos a añadir un norma más: a quien le toque el cuatro tiene que aullar. ¡Qué risa! Ahora, otra adicional: al dieciséis, hay que canturrear el “Despacito“.

¿Añadimos otra norma para la siguiente ronda? ¡Te imaginas qué lío!

Bueno, pues eso es lo que me encuentro en mucha empresas: tantas normas que al final no sabemos cuál es el objetivo. Así que, como muy bien hacemos en Lean, el primer paso es desbrozar, eliminar las actividades chorras y focalizar en las actividades que persiguen el objetivo, el verdadero norte. Después alineamos los equipos.